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Saturday, April 24, 2010

Los desafíos de los productores de flores ante la amenaza del cambio climático

Son desalentadoras las exportaciones de los principales productores de América Latina a EE.UU., Europa o los países asiáticos. El calentamiento global está haciendo que este mercado sea cada vez más costoso y competitivo.



Parecía el final feliz de una clásica película Disney. En la iglesia Hedvig en Estocolmo, Mia Ljungberg y John Nevado se convertían en marido y mujer, rodeados de 16.000 rosas y claveles. Todo un sueño teñido de rojo.
Y no podía ser diferente. John es hijo del español Roberto Nevado, un ingeniero mecánico de profesión que empezó en la floricultura por hobby y que llegó a Ecuador en 1996 para dedicarse a esa industria que auguraba fortuna. Le fue tan bien que, de las cuatro hectáreas que plantó en un comienzo, hoy tiene 45. Pero confiesa que “si hoy todos pudiéramos salirnos de las floricultura, lo haríamos, porque no es un buen negocio”.
Así de tajante. Es que al analizar las exportaciones de los principales productores de América Latina -Ecuador y Colombia- a Estados Unidos, Europa o los países asiáticos, las cifras son bastante desalentadoras. La crisis económica y el calentamiento global están haciendo que este mercado sea cada vez más costoso y competitivo.
En Ecuador, por ejemplo, comparando entre enero y julio de 2008 y 2009, las exportaciones disminuyeron 16,17%, las áreas cultivadas bajaron en 138 hectareas y despidieron a 11.070 trabajadores.
“Esto pasa porque el precio internacional de las flores cayó en 46% y sus volúmenes de exportación 8%”, dice Ignacio Pérez, presidente de la Asociación de Productores y Exportadores de Flores (Expoflores).
En Colombia, segundo mayor exportador en el mundo, después de Holanda, el panorama no cambia. Durante los 10 primeros meses de 2009 las exportaciones a Estados Unidos disminuyeron 16,9%. Los productos no tradicionales cayeron 15,1% y la floricultura 6,4%. La situación para ambos países es compleja.

A flor de piel
En Rusia y Ucrania existe la tradición de que cuando los niños asisten a su primer día de clases, deben llevarle una flor a su maestra. Una maravilla para aquellos que exportan flores a esos países. Las festividades religiosas u otras como el día de San Valentín, el de la Madre o de los Muertos, “son muy significativas porque crece el consumo”, dice Pérez. El problema es que, o los consumidores están menos sensibles o cambiaron las preferencias de sus regalos, porque ni siquiera durante todas estas fechas se consiguió levantar el mercado durante 2009.
“Nuestra rosa es reconocida a nivel mundial y por eso su valor es más alto que el del resto del mercado”, justifica Elizabeth Barsallo, Coordinadora Sectorial de la Corporación de Promoción de Exportaciones e Inversiones de Ecuador (Corpei). Las rosas ecuatorianas se caracterizan por sus largos tallos, que incluso alcanzan los dos metros de altura, y por sus cabezas que bordean los 15 centímetros.
En Colombia, en cambio, encontramos la rosa estándar, cuyo tallo no sobrepasa los 50 centímetros, es más barata y más demandada. Las áreas plantadas son mayores, sus ciclos para producir son más cortos y el volumen de su cosecha es mayor.
En Ecuador existen alrededor de 400 tipos de rosas y es lo que los distingue en los mercados internacionales. Según Corpei, entre 2006 y 2008, EE.UU. importó 64% de estas flores, Rusia 12%, Países Bajos 9%, y España, Canadá e Italia 2%. Con eso las flores ecuatorianas habrían captado US$521 millones.
Colombia no tiene una gama tan amplia de rosas. Aun así, “aporta 70% de todas las flores consumidas en USA. Ecuador aporta 10% de EE.UU., donde se consumen al año unos 10.000 millones de flores frescas cortadas”, dice el colombiano Jesús Arboleda, director y expositor de la floricultura en la Universidad de Guadalajara, México. “Lo que importa en este momento es que hay más competencia”, dice Pérez. Y es que debido al cambio climático se está alargando la capacidad de producción propia, como son los casos del sur de Rusia y Ucrania, que al tener su propia flor nacional disminuirían su importación.
Arboleda es más cauto en ese sentido. Comenta que eso es más dificil que ocurra. “Los costos serían muy grandes porque tendrían que controlar al máximo grado las variables del clima”, comenta.
México, que sufre de fuertes cambios de temperatura, no se hace problema. “Sólo el 5% de su producción se exporta porque es un gran consumidor”, dice Pérez. Y eso va vinculado con su cultura y la cantidad de festividades que tienen al año.
“EE.UU. le ha dicho a México en muchas ocasiones, cultiva flores que te las compro todas”, dice Arboleda. Pero hasta ahora por parte de México no hay respuesta. Sigue exportándole sólo el 1% de su producción. Las críticas recaen entonces porque 2009 fue uno de los años más difíciles para ellos y ni siquiera el día de los muertos pudo resucitar su industria.
Arboleda, que ha dictado cátedras sobre la industria de la floricultura en varios países, dice que el comportamiento de México se debe a que la floricultura es vista como una economía de subsistencia, para ayudarle al campesino pobre. Recalca que distinto es el caso de Colombia, donde se le ve más como una agroindustria.
El 95% de la producción del país azteca sale del estado de México para el resto del país. “Guadalajara tiene unos cinco millones de habitantes y ésta consume entre US$13.000 y US$15.000. Sólo en una ciudad como Guadalajara”, añade.
Nevado comenta que “son mercados autosuficientes, que no pueden competir con la calidad ecuatoriana o colombiana”, comenta Nevado.
La gran excepción que está rompiendo la regla es Perú. Sus exportaciones crecieron 15%, entre enero y agosto de 2009, según la Asociación de Exportadores de Perú, con lo que podría entrar a competir con Colombia.

"Al termómetro"
Los cambios climáticos bruscos son un gran riesgo para el agricultor. Las plagas aumentan, el control sobre el producto se vuelve incontrolable y aumenta el uso de agroquímicos.
Por eso cada día tienen más relevancia las certificaciones socio-ambientales, que se preocupan de medir las condiciones laborales y cómo usan y desechan los químicos. “Las empresas que no cuenten con éstas no podrán participar ni llegar a los mercados internacionales”, sentencia Nevado.
“Los plaguicidas dependen de cómo se utilizan, más que del químico en sí”, comenta Arboleda. Agrega que al momento de una inspección “si no das respuestas satisfactorias te pueden incluso cerrar”.
Entre las certificaciones de Nevado, tiene dos orgánicas. “Como no usan químicos las podemos servir en restaurantes (saben un poco amargas, pero sabrosas) o un spa”, relata orgulloso.
Un aspecto que destaca Arboleda es que de aquí a unos años más podrían desaparecer los cultivos a cielo abierto. Por eso serán claves los invernaderos bien acondicionados, para controlar las plagas y tener cultivos todo el año, de mayor y mejor calidad. “Bajo esas condiciones la industria podría seguir siendo rentable. Así produces lo necesario para la fecha exacta”, sentencia.
Y es que los productores están preocupados y no saben si este negocio seguirá siendo rentable o no.
Nevado asume con tristeza que nunca volverán a tener la rentabilidad que consiguieron entre 1965 y 1975 o entre el 92 y 96. “¿Pero qué hacemos si las plantas están en el suelo? Salirse de este gremio es muy difícil”, asume el empresario.
Arboleda no comparte esa opinión. “El consumo de flores en el mundo crecerá como lo ha hecho en los últimos 50 años” rebate. Argumenta que si bien la floricultura es la inversión más cara en la agricultura, los rendimientos son muy buenos. “Basta sólo con decir que cada rosal da entre 15 a 20 plantas comerciales por año”, reflexiona.
“Creo que tanto Colombia como Ecuador tenemos las condiciones para mantener nuestro liderazgo”, concuerda Pérez.
Barsallo, por el contrario, cree que la utilidad que se percibe no es un atractivo, sobre todo cuando existen varios factores de riesgo que no están en las manos de los productores.
Sólo el tiempo dirá si las importaciones de los principales mercados volverán a nutrir de agua este producto. Por ahora, y de aquí a algunos años, la industria no se encuentra en la flor de la vida.

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