Si te despiertas cada día acelerado, corriendo, preocupado porque ya estás atrasado para el trabajo o las mil y cientos actividades que tienes que hacer, significa que aún no has vivido nada. Respira, mira, toca y deja que la vida tome su curso, sin apuros, sin caretas, sin espadas ni escudos. Al final, nada dura para siempre, pero son todos esos detalles, que tal vez en su momento no disfrutaste, los que suman experiencias y te permiten cementar tu camino, sintiendo que en cada despertar saborearas ese dulce aroma de una fresca mañana.
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